Del derecho a la estrategia: el uso oportunista de la nulidad del despido
Hay una moda peligrosa en la jurisdicción social: pedir la nulidad del despido por sistema. Da igual el caso. Da igual la prueba. Da igual la realidad. La nulidad se ha convertido en el comodín procesal del demandante: se lanza siempre, por si cuela.
El Tribunal Supremo ha sido claro: el despido improcedente tiene una indemnización tasada y no hay barra libre indemnizatoria. Pero una cosa es lo que dice la jurisprudencia y otra muy distinta es lo que se intenta colar en la práctica: inflar la demanda y convertir cualquier extinción en una supuesta vulneración de derechos fundamentales.
Ahora todo es represalia.
Ahora todo es discriminación.
Ahora todo es “daño moral”.
Y no: no todo lo es.
La nulidad como arma de presión.
No estamos ante una explosión de despidos nulos. Estamos ante una explosión de estrategias procesales agresivas.
La nulidad ya no se pide porque procesa, se pide porque intimida:
- Intimida por la amenaza de readmisión forzosa.
- Intimida por los salarios de tramitación.
- Intimida por el ruido reputacional.
Se está importando una lógica ajena a nuestro sistema: la del litigio como negocio, la del daño moral inflado, la del “cuanto más pido, más rasco en el acuerdo”.
El resultado es perverso: se normaliza el uso oportunista de derechos fundamentales.
¿Lo más grave? Se banalizan las verdades vulneraciones, que quedan diluidas entre reclamaciones oportunistas sin recorrido real.
El coste oculto
Aunque la empresa “gane” el juicio, pierde igual:
- Pierde tiempo directivo.
- Pierde foco estratégico.
- Pierde dinero en defensa jurídica.
En nuestro despacho, la experiencia nos permite distinguir con claridad cuándo existe una vulneración real de derechos fundamentales y cuándo estamos ante una estrategia procesal sin base sólida.
Continuaremos siendo diferentes. Siempre asesoramos con la toga puesta








